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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuando todo sabe a silencio

Quiere silencio / el corazón, / a veces. / Cuando está solo. / Cuando conoce / que estará solo. / Cuando todo / sabe a silencio. / A.S.

martes, 22 de octubre de 2013

La piedra de Bollingen

"En 1950, con motivo de su 75 cumpleaños, Jung creó una estructura pétrea cúbica en la orilla del lago, justo al oeste de la torre (de Bollingen), añadiendo una inscripción en tres de sus lados: 1.Un lado contiene una cita del Rosarium philosophorum, Hic lapis exilis extat, pretio quoque vilis, spernitur a stultis, amatur plus ab edoctis ("Esta insignificante piedra apenas tiene valor. Los necios la desprecian mientras los sabios la codician"), y la dedicación IN MEMORIAM NAT[ivitati]S DIEI LXXV C G JUNG EX GRAT[itudine] FEC[it] ET POS[uit] A[nn]O MCML "en memoria de su 75 cumpleaños C.G. Jung por gratitud hizo y erigió [esta piedra], en el año 1950". 2.Sobre el segundo lado, Jung es representado en forma de Telesforo, un enano u homúnculo provisto de una linterna y vistiendo una capa con capucha, rodeado por una inscripción griega: El tiempo es un niño, jugando como un niño, jugando en un tablero, el reino del niño. Este es Telésforo que vaga por las regiones oscuras de este cosmos y brilla como una estrella en las profundidades. Él señala el camino a las puertas del sol y a las tierras de los sueños. 3.El tercer lado contiene una inscripción latina: Yo soy un huérfano solitario; sin embargo, se me encuentra en todas partes. Yo soy uno, pero opuesto a mí mismo. Soy joven y viejo a la vez. No he conocido padre ni madre, porque han tenido que sacarme del mar como a un pez, o caí como una piedra blanca desde el cielo. Por bosques y montañas paseo, pero estoy oculto en lo más íntimo del alma del hombre. Soy mortal para todos, sin embargo no me afecta el ciclo de los eones." (Fuente: Wikipedia)

martes, 15 de octubre de 2013

Lo que debe ser dicho

Romper el silencio sólo lo necesario. Cuando la palabra surge con todo su sentido. Con toda su fuerza. Traduciendo... eso. Lo que debe ser dicho.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mareny, 8-9-2013 II

Encender/ un hogar/ en el centro/ profundo/ de mí misma./ Cocinar/ mi alimento/ en ese fuego./ Vivir/ a su calor./ A.S.

domingo, 28 de julio de 2013

Una reflexión que lleva al silencio interior...

Los silenciados

Gil-Manuel Hernández i Marti
desdelafrontera17.blogspot.com.es


("Las espigadoras", de Jean François Millet, 1857)

      "En todas las grandes tradiciones filosóficas y espirituales el silencio es a un tiempo virtud y práctica transformadora. El silencio es requerido para meditar, para aletargar la incesante danza de los pensamientos, para sumergirse en otra realidad, más profunda y crucial, para atisbar el propio fondo y obtener paz, serenidad y lucidez crítica. El silencio es, pues, requisito necesario para un habla trascendente destinada a convertir el mundo en algo mejor. Sin embargo, desde la perspectiva del poder, el silencio sirve para acallar las voces de la diversidad, las voces de protesta, para reprimir, humillar y trazar el límite de lo tolerable, de lo políticamente admisible. Con el silencio se compran voluntades, se distorsiona la historia, se ocultan los hechos molestos, se construye la paz de los cementerios. Desde la óptica del poder, el silencio represivo es la condición esencial para seguir acumulando más poder. Un muro donde todo se estrella, mientras se impone la "verdad" de los vencedores. 

Por donde miremos la estrategia política del silencio es visible. Y, bien paradójicamente, dicha estrategia precisa de la estridencia autoritaria de los gritos y el ruido social, que los medios difunden con programas de falsos debates y algarabías tan bulliciosas como vacuas. Tertulianos en plena porfía chillona, discusiones acaloradas por temas banales, griterío de zafiedades para aturdir todavía más a un espectador atrofiado por tanta presunta información, condicionado además a hablar de vaguedades. Por ello el silencio espiritual o filosófico que induce a un "darse cuenta" de los velos que distorsionan la realidad es altamente incómodo. Por ello tiende a ser destruido con toda suerte de cacofonías. 
No nos engañemos: el silencio potencialmente reflexivo es peligroso, subversivo. De modo que se impone el ruido desmobilizador, lanzado como una red sobre aquellos que están siendo sistemáticamente silenciados y quizás querrían hablar. De hecho hay pocas situaciones tan estimulantes como ver qué ocurre cuando se da la voz a los que habitualmente carecen de ella, salvo para expresarse en sus más íntimos círculos. Y aún con todo son contadas las ocasiones en que ello sucede a gran escala, como ocurre en las investigaciones comprometidas de los científicos sociales y periodistas de raza, habitualmente relegadas al ostracismo de lo que no está de moda, o en las eclosiones sociales, que llenan las plazas de cosas que se dicen con rabia, de tan difícil como era poderlas decir. 

  Verdaderamente hay algo fascinante en lo que alguien habitualmente silenciado puede llegar a contar y recordar, pese a que ese alguien esté tan asediado por complejos, traumas, distorsiones y ilusiones como todos los demás. El simple hecho de hablar tras un silencio forzoso se torna relevante, y las  frases que salen de su boca adquieren una frescura, una calidad y hasta una hondura que jamás hubiéramos sospechado. Y es entonces cuando entendemos porqué a esa gente normal, a esa gente común y ordinaria, se la quería callada, silenciada, obligada a cargar con un yugo de ruidos y gritos regulados por el poder, desprovista de habla, sumisa y encerrada en sí misma. 

Lo silenciados no se entienden sin los silenciadores, quienes en el fondo temen tanto que hablen los habituados a callar como que se silencien voluntaria y reflexivamente los estimulados a parlotear de trivialidades, también víctimas  de otra forma sutil de callar aquello que verdaderamente se quiere silenciar: el tesoro de un pensamiento propio, limado por el silencio voluntario transformador y presto para la palabra impugnadora. Para los silenciadores la política a imponer está clara: o el silencio o el habla inofensiva. En consecuencia, para los silenciados la alternativa es el silencio autoindagatorio y el habla decidida. Porque hay silencios y silencios, silencios donde todo se calla para que otros no se callen jamás, y silencios fructíferos que facultan para poder interpelar, con palabras auténticas y cargadas de razones, a los que solo promueven la cara obscena del silencio."

martes, 16 de julio de 2013

J.M. Izquierdo: La descomunal indecencia del silencio

La descomunal indecencia del silencio

Es el momento de que muchos aúllen sus vergüenzas en plaza pública; que Rajoy pida perdón por el latrocinio de su tesorero, que Griñán se explique y los empresarios se excusen por apoyar a Díaz Ferrán.

(Fuente: El País)

 

José K. tiene una extraña peculiaridad lingüística. Será, quizá, por ese carácter insurrecto y levantisco que le acompaña desde pequeño —¡qué lejos aquellos tiempos de Pepito K.!— pero que se ha agudizado con la edad, casi tanto como las arrugas de la cara o, admitámoslo, también las del alma. La enfermedad, leve, es sin embargo manifiesta. Así que le dicen dulce y responde acíbar, le dicen blanco y contesta negro, le dicen dios y responde bueno o generoso. No puede remediar esta singularidad, por lo que ahora, a estas alturas de garrota, ha tomado la decisión de adoptarla como se admite a cierta edad la firma y la rúbrica.
Así que vestido de mercadillo, incluso ha encontrado unos pantalones con decenas de bolsillos —¿para qué servirán, se pregunta?— por un módico precio, chapiri contra el sol y alpargatas de siempre, apoyado en un bastón de madera sin barnizar, muy de verano, salta al asfalto para ver los ojos de otros seres humanos tan agobiados como él. En un banco del parque, a la sombra, lee en su periódico de siempre las últimas novedades. Terribles. En ellas, incrustado como la mugre en las uñas, hay siempre dinero, mucho dinero, un dinero imposible de visualizar, de imaginarse siquiera, de averiguar para qué sirve tal acumulación y acaparamiento. Por la edad, nuestro amigo aún acostumbra a contar en pesetas, sobre todo cuando son cantidades grandes. Cinco mil millones. Veinte mil millones. Un vértigo.
Se asombra José K. de que todos estos facinerosos con foto en la portada del diario deban sus inmensas fortunas a cantidades llamadas “comisiones”, escondidas en cajas fuertes de bancos dirigidos por otros aún más ricos, más facinerosos que ellos mismos, si atendemos como pruebas de su alma delincuente sus muchas multas por eso, por facinerosos. Y si esos 50 millones de euros, o más de 8.000 millones de pesetas, son apenas el liquidillo que rezuma del bidón, ¿qué no llevará dentro el recipiente? ¿Las comisiones son un 1%, por ejemplo? ¿El monto total es, pues, de 5.000 millones de euros, más de 800.000 millones de pesetas, el que pasaba por sus cuentas o, por mejor decir, por las cuentas del partido? Pueden hacer el cálculo con un 3%, o incluso con el 50%, que es igual de mareante. Resten, si gustan, la parte que se quedaba entre los dedos de gente tan emprendedora —¡qué risa!— como Francisco Correa o el Bigotes. Y cuenten, además, con el consejero de la comunidad x, o el alcalde de y.
El presidente debería comprometerse a devolver cada euro que se ha llevado Luis Bárcenas
Es entonces, por esa deriva de la que hablábamos, cuando José K., vena a punto de estallar, manos un punto temblorosas, pronuncia la palabra lumpenproletariado. Y le gusta como suena. Cree, además, que si Carlos Marx, sí, Carlos Marx, ¿pasa algo?, viviera hoy, ya no hablaría de “vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros o mendigos*”.
Seguramente utilizaría el término —lumpenproletariado— para incluir a todos los que ha expulsado el capitalismo salvaje de ese falso paraíso creado por los neoliberales para hacer más ricos a los ricos de siempre y más pobres a los pobres de siempre. Para utilizar el lenguaje convenido entonces, “aquella parte de la clase obrera que queda fuera del proceso de producción y socialmente marginada”. ¿Les suena? Ahí, en ese saco, metería por ejemplo al medio millón de parados con más de 55 años, carne desgastada que ya no encontrará un trabajo decente. O al millón de jóvenes, ese ejército de mano de obra tirada, aplastada, despreciada. ¿Mujeres, también? Claro: 2.700.000.
No entiende José K., con tantas desvergüenzas al aire, miles de zarajos enrollados en varas llenas de herrumbre, miserables despojos escandalosamente expuestos al sol de una sociedad que un día quiso ser justa y solidaria, cómo es posible que todavía el presidente del Gobierno no haya salido a pedir perdón, cuando menos, a ese lumpenproletariado al que ha condenado a pena de vida, por el latrocinio de ese tesorero que él mismo nombró, a dedo, hace apenas cinco años. Tú eres la persona en la que más confío, la más honrada y más justa que he encontrado para llevar el control de los miles de millones que se mueven en mi casa, le diría entonces. Yo lo certifico y por eso te nombro.
Nunca se debe permitir que un gobernante no dé la cara; debe explicar qué es lo que ha ocurrido
Es inexplicable, pues, que el señor presidente no haya comparecido en televisiones públicas —hay muchas— y en hora de máxima audiencia. Pido humildemente su perdón, debería decir en un plano frontal, vamos a devolver a la sociedad todos y cada uno de los euros que se ha llevado Luis Bárcenas, ese señor que convivía con nosotros en la misma casa, puerta con puerta, reunión tras reunión, café tras café, y al que hicimos ni más ni menos que senador, otro sueldo para la buchaca. Ese mismo caballero al que hemos defendido a capa y espada, a quien hemos mantenido sueldo astronómico y prebendas variadas cuando todo el mundo ya estaba al cabo de la calle de su calaña. Haremos lo mismo con lo robado por nuestros alcaldes, y nuestros consejeros, y hasta devolveremos todos esos sobresueldos sucios y escandalosos. ¿Dimitir? Quizá, pero antes, aquí están mis manos, quemadas, abrasadas por tantas y tantas mentiras. ¿Qué quieren que haga con ellas?
Luego saldría José Antonio Griñán, para explicarnos cómo ha sido posible que se nombrara para esos cargos que él sabe —cientos de millones a discreción— a esos personajes que él sabe. Y los sindicalistas andaluces, o de donde sean, si se confirman las coimas, los untos, los sobornos, pónganse el chubasquero y vayan a las fábricas a llorar frente a sus afiliados, a vomitar su incompetencia y su desidia. Y obren en consecuencia. También, claro, los dirigentes empresariales, que en lugar de contar días y muertos y escupirlos a los trabajadores, deben suplicar indulgencia por haber mantenido como gran capo de todos ellos, tan atildados, a un señor —Gerardo Díaz Ferrán, se llama— que hoy pasea por Soto del Real tras posar de frente y de perfil. Como los cacos. El patrón de patrones, le llamaban. Se ahorra José K. el juego de la aliteración, por grosera obviedad. ¿Pujoles variados? También. ¿Y quizá se olvida del otrora afamado balonmanista? En absoluto, pero le importa menos, porque duques de Palma solo hay uno y el daño, por tanto, es casi molecular.
Pasen de uno en uno los convocados por ese elevado estaribel que se puede montar en cualquier plaza pública y canten la palinodia. Ya ha llegado el tiempo de los gritos a voz en cuello… y en público. Dejen de murmujear y aúllen sus vergüenzas. ¿Alguien les perdonará? Quizá. Pero José K. lo deja claro: Yo, no. A la calle. Fuera. Ni verlos.
La responsabilidad jurídica les llevará a todos ellos hasta donde digan —con mayor o menor acierto y/o valentía— los señores magistrados. Pero la responsabilidad política —y moral— es otra cosa. Nunca, jamás, se debe permitir al gobernante el insulto del silencio. Porque les mantenemos todos nosotros, los ciudadanos, incluidos los que han dejado sin Ley de Dependencia, sin beca o sin sanidad gratuita. La mínima decencia les obliga a dar la cara, a que nos expliquen qué han hecho o qué han dejado hacer.
Porque ya no les vamos a dejar, levanta la barbilla José K. —se queda nuestro amigo muy gracioso, venerable en su pose, pero chisgarabís en su presencia física—, que se zafen de sus obligaciones, como han hecho durante tantos años, y jueguen al disimulo, como escenificaban estos amigos nuestros:
—De todos los que conozco, usted es el más cronco— dice Calac.
—Y usted el más petiforro —dice Polanco—. Me llama cronco a mí, pero se ve que nunca se ha husnado la cara en un espejo.
(Les ruego permitan al anciano narrador rendir un homenaje —¡ay!— a la Rayuela de Julio Cortázar en su 50º aniversario).

miércoles, 1 de mayo de 2013

Este solo lugar

Perdida

-¿prendida?-

en este solo
lugar
del alma

donde atruena
la tempestad
del silencio.

A.S.

miércoles, 24 de abril de 2013

A través del tacto

Gran parte de mi trabajo se hace a través del tacto.
Apretando una mano.
Acariciando un hombro.
Abrazando a quien llora.
Estando allí, sin más.

Flores de humanidad

En medio de la pérdida, del sufrimiento y de la muerte, descubro a veces flores de pura humanidad, de una belleza tan.. sagrada, tan tierna, delicadamente preciosas, que tengo que quedarme en silencio.
Entonces toco al otro.
Acaricio su ser.
Abro mi centro a su presencia.

martes, 26 de marzo de 2013

En la prisión del cuerpo

¿Qué puede ocurrir en el interior de alguien para quien, con apenas treinta años, el cuerpo se ha convertido en una prisión?
Alguien cuya única comunicación con el mundo se realiza a través del parpadeo.
Yo conozco a quien le ha ocurrido esto.
Todos los días le hablo, y sus ojos responden y comunican que oye lo que digo, que ha comprendido, que está presente.
Pura presencia consciente en un cuerpo mudo e inmóvil.


jueves, 28 de febrero de 2013

De nada

Me estoy llenando de nada.
De nada excepto lo que ocurre.
O tal vez sea que me lleno de lo que ocurre porque nada estaba dentro antes.
Sea como fuere, cada vez cuestiono menos.
Para lo que me iba a servir...

jueves, 14 de febrero de 2013

Una máscara cruel

Viento. Viento. Viento.
Los suaves colores de la mañana (celestes, oro, rosados) no son más que una máscara cruel, un telón de fondo para el viento, frío y agudo como un cuchillo.
Pasa la gente arrebujada, ocupando, en su ensimismamiento, el menor lugar posible en el espacio dominado por el viento.
Nadie se acuerda del planeta, de su cambio y su deriva, demasiado concentrados como estamos en nuestro "sálvese quien pueda", en nuestro miedo y nuestra pequeña tragedia individual (y la gran tragedia colectiva).
Nadie se acuerda ya de nada, toda la energía inútilmente dedicada a intentar esconderse del monstruo inhumano que ha tomado nuestro mundo por casa.
Que se ha instalado para quedarse.
Que se come lo que creíamos nuestros derechos, nuestra seguridad, nuestros valores y (literalmente) nuestra vida y la vida de nuestros semejantes.
Tres mil años de sueños, de construcción, del trabajo y el pensamiento y el corazón de generaciones, se desangran a golpe de decreto y de expolio, en un campo de cremación arrasado por el viento.

martes, 12 de febrero de 2013

Amanecida

Las astas
de nácar
de una frágil luna
doncella
sobre el azul
verdoso.

Antares
en el zenit,

y el silencio
redondo
conteniendo
los mundos.

A.S.

domingo, 3 de febrero de 2013

Manos unidas

La intimidad callada
de una manos unidas
en la penumbra
de una sala de cine.

La sencilla verdad
de lo que eres
viajando hasta mi pecho
a través de tu mano.

A.S.

lunes, 7 de enero de 2013

Velándote

En la madrugada, velándote a solas en tu belleza y tu silencio, sólo había presencia.
Y vastedad.

domingo, 6 de enero de 2013

Tránsito

En el silencio,
la presencia serena
de tu partida.

(Te recogió
dulcemente la muerte,
como una madre.)

Con amor,
Amelia

(4 al 6 de enero de 2013)

domingo, 30 de diciembre de 2012

Mujer chamán

Fuego,
y unos ojos
que son los ojos de la tierra.

Ha dejado
varias vidas
atrás,

los hijos
de su vientre,

los hombres
de su carne,

las gentes
de su corazón,

y la soledad
viva
la sustenta.

Allí
está,
para nadie,
para sí misma,
para todo
el que la busque.

allí,
en el recinto
de su estar,

donde sabe
que puede
y sabe
que no puede.

A.S.

Las murallas del Norte

Hay murallas
que guardan
el territorio bárbaro
del Norte,

puertas
que no se abren
más que a las gentes
bárbaras del Norte,

abrasadas
por el alma
del Norte,

por la verdad
libérrima
del Norte,

por el rugido
intenso
de su silencio.

A.S.

Jardines del silencio

De los profundos
jardines del silencio
brotan historias.

A.S.