Razón, reflexión, inteligencia...
Mentira todo.
Al final, nos salva -si es que nos salva- la campana.
Que se lo digan a Frodo en el Monte del Destino.
Si no llega a aparecer Gollum... todos jodidos.
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lunes, 29 de abril de 2013
domingo, 3 de febrero de 2013
3D
Dolor de cabeza.
Dolor de ojos.
Odio el cine en 3D.
Y, si la película dura tres horas, ya, ni hablemos.
Dolor de ojos.
Odio el cine en 3D.
Y, si la película dura tres horas, ya, ni hablemos.
jueves, 31 de enero de 2013
Verle la cara
Cuando decía el que lo decía "sólo sé que no sé nada", para entender realmente lo que estaba diciendo, habría que haberle visto la cara.
Que es, dicen los que lo dicen, el espejo del alma.
A lo mejor era, sencillamente, de cansancio.
O de absoluta perplejidad.
Que es, dicen los que lo dicen, el espejo del alma.
A lo mejor era, sencillamente, de cansancio.
O de absoluta perplejidad.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Magnis itineribus
Apréstome ahora, magnis itineribus·, a preparar la modesta cena de fin de año, cuyo consumo amenizará el tránsito interanual en esta la residencia de su segura servidora q.b.s.m.·, item más a la realización de otras tareas propias de responsable ama de casa, y dejadas, como es tradicional, para última hora.
Como presumo que en la misma tesitura se hallarán muchos/as de mis ocupados (y por ello, ausentes de la imprescindible lectura de este blog) lectores/as, durante el día de hoy, déjome sin más de historias y voy a lo mío.
Salud e gracia per a tots i totes (adviértase el acabado multilinguismo de esta entrada, y su toque estudiadamente aracaizante).
· Magnis itineribus: A marchas forzadas. Latinajo puesto de moda por el malogrado estadista romano Julio César, en sus idas y venidas, andanzas y correrías por el territorio de la Galia, con intenciones de conquista, significando que arreaba a su suponemos que remiso ejército para que meneara el culo a toda máquina, a fin de ganar ventaja sobre el pregabacho enemigo.
(Véase, para mayor información, la futura primera edición del Pedanterio.)
·Q.B.S.M.: Que besa su mano. Admirable fórmula de respeto carpetovetónica con la que se acababan las cartas y otras comunicaciones, tanto oficiales como privadas, en las épocas, lamentablemente olvidadas, en que la peña consideraba (o, al menos, hacía como que lo consideraba) el respeto como un valor a cultivar, ejercer y transmitir a la descendencia, esto último con los resultados de todos conocidos.
(Véase, igualmente, el proyectado Pedanterio, cuando me de por escribirlo, siempre con el debido consentimiento, y quién sabe si colaboración, de su nunca bien ponderado cocreador, el ya mencionado Pepe Montes).
Y hasta aquí, de momento.
Feliz año, cracks.
Como presumo que en la misma tesitura se hallarán muchos/as de mis ocupados (y por ello, ausentes de la imprescindible lectura de este blog) lectores/as, durante el día de hoy, déjome sin más de historias y voy a lo mío.
Salud e gracia per a tots i totes (adviértase el acabado multilinguismo de esta entrada, y su toque estudiadamente aracaizante).
· Magnis itineribus: A marchas forzadas. Latinajo puesto de moda por el malogrado estadista romano Julio César, en sus idas y venidas, andanzas y correrías por el territorio de la Galia, con intenciones de conquista, significando que arreaba a su suponemos que remiso ejército para que meneara el culo a toda máquina, a fin de ganar ventaja sobre el pregabacho enemigo.
(Véase, para mayor información, la futura primera edición del Pedanterio.)
·Q.B.S.M.: Que besa su mano. Admirable fórmula de respeto carpetovetónica con la que se acababan las cartas y otras comunicaciones, tanto oficiales como privadas, en las épocas, lamentablemente olvidadas, en que la peña consideraba (o, al menos, hacía como que lo consideraba) el respeto como un valor a cultivar, ejercer y transmitir a la descendencia, esto último con los resultados de todos conocidos.
(Véase, igualmente, el proyectado Pedanterio, cuando me de por escribirlo, siempre con el debido consentimiento, y quién sabe si colaboración, de su nunca bien ponderado cocreador, el ya mencionado Pepe Montes).
Y hasta aquí, de momento.
Feliz año, cracks.
Y ya que estamos...
...Felices calendas de Enero del treceavo año del milenio corriente, para todos/as mis resignados y pacientes lectores/as, y también para los que no lo son (pacientes, resignados y/o lectores/as).
(Calendas: del latín. Primeros días de un mes.
Ver el hipotéticamente futuro Pedanterio para mayor información).
(Calendas: del latín. Primeros días de un mes.
Ver el hipotéticamente futuro Pedanterio para mayor información).
Pedanterio
Libro (grueso) de graves, cultísimas y solemnes citas, palabros extemporáneos e intragables latinajos para toda ocasión, proyectado y, lamentablemente, nunca llevado a término, por el ínclito prócer rondeño Pepe Montes y la que esto suscribe, en nuestros lejanos tiempos de Facultad.
No se descarta retomar su redacción, ahora que he acabado hasta los ovarios (del alma) del puñetero Norte y la madre que lo parió.
No se descarta retomar su redacción, ahora que he acabado hasta los ovarios (del alma) del puñetero Norte y la madre que lo parió.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Un humor suave
Hay mañanas en que todo parece imbuido de un humor suave.
Dios, en zapatillas celestiales, debe sentirse satisfecho y doméstico.
Dios, en zapatillas celestiales, debe sentirse satisfecho y doméstico.
viernes, 28 de diciembre de 2012
Chorradas notariales
En mi (escasa) experiencia, los señores notarios se parecen muchísimo unos a otros.
Debe haber un ser notarial que imprime carácter, un espíritu ente solemne y ridículo que toma posesión del ente notariando apenas recibe la boleta del aprobado oposicional, y que inmediatamente opera una metamorfosis parecida a la del hombre lobo en luna llena, pero en notario, es decir, en calva y traje estilo Emidio Tucci y despacho de contrachapado brillante, lleno de libros gordos encuadernados en plástico imitación piel.
Leen con voz campanuda, los notarios, textos incomprensibles, llenos de fórmulas dudosas especialmente diseñadas para que nadie se entere, y luego te pasan un bolígrafo -siempre negro y dorado- para que firmes, sumida en el temor de Dios, un infolio que no se sabe si es la cesión de todos tus bienes al Gobierno, la renuncia a tus menguantes derechos de ciudadanía, la conformidad con tu condena a galeras, o la compra-venta de un modesto garaje, que era, en realidad, a lo que ibas.
Gente de particular naturaleza, los notarios, a los que resulta difícil imaginar en pijama, o en la playa, con el meyba calzado, marcando paquete, o en la paella de los domingos, rodeados de niños berreantes en el jardín de la segunda residencia.
Y es que, sospecho, fuera de la notaría -de habitual, en el primer piso de un edificio del centro, antiguo y noble-, tienden a desvanecerse y perder enjundia, como esos sueños complicados de los que al despertar, sólo recuerdas un juicio altisonante y una sensación de pequeñez.
Debe haber un ser notarial que imprime carácter, un espíritu ente solemne y ridículo que toma posesión del ente notariando apenas recibe la boleta del aprobado oposicional, y que inmediatamente opera una metamorfosis parecida a la del hombre lobo en luna llena, pero en notario, es decir, en calva y traje estilo Emidio Tucci y despacho de contrachapado brillante, lleno de libros gordos encuadernados en plástico imitación piel.
Leen con voz campanuda, los notarios, textos incomprensibles, llenos de fórmulas dudosas especialmente diseñadas para que nadie se entere, y luego te pasan un bolígrafo -siempre negro y dorado- para que firmes, sumida en el temor de Dios, un infolio que no se sabe si es la cesión de todos tus bienes al Gobierno, la renuncia a tus menguantes derechos de ciudadanía, la conformidad con tu condena a galeras, o la compra-venta de un modesto garaje, que era, en realidad, a lo que ibas.
Gente de particular naturaleza, los notarios, a los que resulta difícil imaginar en pijama, o en la playa, con el meyba calzado, marcando paquete, o en la paella de los domingos, rodeados de niños berreantes en el jardín de la segunda residencia.
Y es que, sospecho, fuera de la notaría -de habitual, en el primer piso de un edificio del centro, antiguo y noble-, tienden a desvanecerse y perder enjundia, como esos sueños complicados de los que al despertar, sólo recuerdas un juicio altisonante y una sensación de pequeñez.
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